Autor: José Manso.
Siempre he tenido una familia muy unida. Me encanta sentirme apreciado y querido en casa de mis hermanos y primos. No hay nada para un solterón maduro como ver crecer a los hijos y nietos de tu sangre, pero sin los ratos malos que estos inevitablemente proporcionan. Solo disfrutando de los momentos buenos.
Por aquellas fechas, antes de que el teléfono primero y el wasap después se popularizaran, hubo años en que recibía más de 50 tarjetas de navidad. Crismas, como se llamaban entonces.
La semana de reyes iba casa por casa dejando un regalo para cada uno. Sobre todo cuando el receptor era un niño, disfrutaba con la cara de satisfacción al abrir su paquete multicolor. También había decepciones cuando quien lo abría no encontraba lo que esperaba. Pero tenía fácil solución. Yo lo solía ver en su cara y todo se arreglaba con una propinilla en efectivo, que los adolescentes y adultos, siempre aprecian.
Yo echo la culpa a los políticos. ¿O acaso ellos no han sido los culpables de la crisis?. Aquellas navidades de 2009, hasta tuve que trapichear con la caja de para poder comprar los regalos a todos.
Luego vinieron las discusiones con mis hermanos por sus pérdidas. De nada sirvió recordarles la importancia de la unión familiar.
En 2010 los crismas se redujeron a la mitad y a mí me dio vergüenza hacer el recorrido de Reyes por las casas. La verdad, me molestó un poco cenar solo en Nochebuena, y entrar en el año nuevo con los besos comprados a una señorita de rebajas. Malditos políticos.
Y hoy... Hoy ya me he acostumbrado a recibir un único crisma. Acabo de abrirlo. Es el de “El Corte Ingles”, que según parece sigue teniéndome en sus archivos, aunque les dejé la última factura sin pagar
ESTOS POLÍTICOS,
ResponderEliminarSIEMPRE PROMETIÉNDONOS...
PERO, EN REALIDAD, SON
LOS PROTAGONIZTAS DE NUESTRAS DESVENTURAS.