Autora: Emi Lázaro.
Sólo le quedaba un cigarrillo y se ofreció a compartirlo. Desde entonces somos inseparables. Compartimos el café frío y un trocito de suelo en mi casa de cartón. El traslado a la otra esquina supuso un cambio radical en nuestras vidas. Estábamos más resguardados, pero esa vocecilla acabó por echarnos: "Señores clientes, inserten su tarjeta visa plus oro", repetía incansable.
A ver ahora si con este nuevo amigo del cajero encontramos espacio suficiente en el pasadizo de Plaza de España.
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