Hoy es el cumpleaños de la hija de una amiga. Su madre le ha dicho que escribo cuentos. Y la chica me pide que le cuente uno.
- Solo se me ocurren de miedo y eres pequeña.
- Ya soy mayor. Hoy cumplo 12. Y ya no tengo miedo. Cuéntamelo.
Me quedo en silencio unos segundos y miro sus profundos ojos negros.
- No necesitas que te escriba nada
que te de miedo. Realmente no lo necesitas. No me mires así. Tu sabes que
cuando apagas la luz de tu habitación, está allí. Debajo de tu cama. Lo oyes
respirar, oyes rechinar sus uñas contra las baldosas del suelo. Y aunque metas
tu cabeza bajo la manta escuchas a tu alrededor sus pasos acompasados con tu
corazón. Allí. En la oscuridad. Lo sabes.
Pero te voy a decir una cosa que
no sabes. Hasta ahora estaba atrapado, encadenado por tu inocencia. Era un espíritu
sin cuerpo. Pero hoy ya no. Hoy es el día. Ya eres mayor.
Esta noche la penumbra parirá el
monstruo que has creado en tu imaginación. Se hará cuerpo. Notarás como sus
garras estiran de tu almohada desde debajo del colchón e intenta arrastrarte
con ella. Aunque te resistas.
Arrojará al abismo la manta que
fue tu escudo y te dejará desnuda e indefensa mientras su masa informe se
extiende por toda la habitación. Mirarás hacia arriba y podrás ver los dos
puntitos luminosos que son sus ojos y que apenas alumbran sus babas y sus
colmillos. Justo antes de que se claven en tu vientre y te haga suya. Y ya nunca estará bajo la cama. Estará dentro de ti.
Entonces su madre me soltó un bofetón.
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